Una vida doble

María Olga es una mujer encantadora. Sobre todo la parte que se llama Olga.
Se casó con un mocetón grande y fornido, un poco torpe, lleno de ideas honoríficas, reglamentadas como árboles de paseo.
Pero la parte que ella casó era la parte que se llamaba María. Su parte Olga peranecía soltera y tomó un amante que vivía en adoración ante sus ojos.
Ella no podía comprender que su marido se enfureciera y le reprochara infidelidad ¡María era fiel! ¿Qué tenia él que meterse con Olga? Ella no comprendía que él no comprendiera. María cumplía con su deber, la parte Olga adoraba a su amante. No había remedio para eso.
¿Era ella culpable de tener un nombre doble y de las consecuencias que esto puede traer consigo?
Así, cuando el marido cogió el revólver, ella abrió los ojos enormes, no asustados, sino llenos de asombro, por no poder comprender un gesto tan absurdo. <<¡Ven aquí!>>, dijo.
Ojalá no hubiera disparado. Pero sucedió que el marido se equivocó y mató a María, a la parte suya, en vez de matar a la otra. Olga continuó viviendo en brazos de su amante. Tal vez aún siga feliz, muy feliz, sintendo sólo que es un poco zurda.

Vicente Huidobro

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