Se asfixió con las palabras que nunca dijo

A veces hace falta una conversación que te haga reflexionar, unas palabras de otro que te reafirmen e intercambiar impresiones para alejar los miedos. Unos miedos que persisten y persiguen a ciertas personas que no contamos con el guiño de la sociedad -¡triste sociedad!-.

Pero antes de todo eso, hemos nadado por el inhóspito río a contracorriente. Y no es fácil. Tirar de ti mismo convertido en una pesada piedra. Y por el camino, curiosamente, te arañas con las zarzas y te ensucias con el polvo, mientras ves a gente paseando agradablemente, con hermosos vestidos y luminosas sonrisas. Una mediocre metáfora para expresar los obstáculos que impone la vida.

Ser auténtico es duro. Es duro porque ahora aquéllos son equiparados casi a criminales o a enfermos infecciosos, pues la sociedad sólo quiere copias idénticas incapaces de tener ideas propias, criterio y mucho que ofrecer a los demás.

Aunque, después de todo, sólo ser auténtico te aporta felicidad plena y te regala una sonrisa, te construye tesela a tesela en un mosaico precioso. Por todo eso, seamos auténticos, gritemos y amemos. No guardemos palabras que luego pueden asfixiarnos.

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