Crónica de un Congreso

Conquistar el futuro construyendo socialismo

Con ese lema arrancaba una de las experiencias más increíbles de mi vida, que dificilmente podré olvidar y que ha contribuído a reafirmar mi particular visión del mundo. Durante tres días, la Unión de Juventudes Comunistas de España celebró su duodécimo congreso en Madrid con el propósito de debatir y de mejorar nuestro trabajo para seguir construyendo una organización fuerte que plante cara a los poderosos. Me es imposible describir como quisiera todas las vivencias de esos días, y además no es ése el propósito de este artículo. Simplemente quiero plasmar una visión personal para que no caiga en el olvido.

Todos estábamos radiantes y los más nuevos aún no sabíamos a lo que tendríamos que enfrentarnos. Los veteranos nos miraban con la sonrisa de la experiencia, advirtiéndonos de las eternas horas de debate que nos quedaban por delante. Y así fue, pero desde luego merece la pena.

Andalucía partía con su alegría inherente en un autobús que paraba por las provincias recogiéndonos. Quedaban entonces más de 12 horas para llegar al destino, pero se hicieron cortas. Entre sueños, cánticos, bromas y anécdotas transcurrieron y, casi sin darnos cuenta, habíamos llegado a San Fernando de Henares. El encuentro con la militancia que ya había llegado fue efusivo como siempre. Teníamos que esperar a que terminase la última reunión del Comité Central saliente, que se había dejado la piel esas últimas semanas en la preparación del congreso. Todo estaba a punto. La noche supuso la instalación en el polideportivo donde dormíamos, cada cual con los medios que tenía, algunos más cómodos que otros.

El primer día trabajamos en plenario, se reunieron las delegaciones, expusieron su visión y se leyó el informe de gestión. Todo el debate acontecido ese día no merece mención. Quizás lo único destacable para mí fue la intervención que tuve que hacer sobre enseñanzas medias. Realmente, la cuestión que traté no era muy importante, pero me puse muy nerviosa. Por la noche nos reunimos las delegaciones. Ya se barajaban nombres para el nuevo Comité Central. La militancia supo estar a la altura exigiendo que se cumpliesen religiosamente los criterios de género y de pluralidad territorial, esto último sobre todo para garantizar la visión de conjunto.

El segundo día estuvo protagonizado por las comisiones de debate. Nos habíamos dividido en dos (tesis políticas y tesis de intervención) para facilitar el desarrollo de los debates. En principio, no estaba muy convencida de querer participar en intervención porque me había dicho que en políticas se aprendía más. Ahora no me arrepiento en absoluto de haber estado en tesis de intervención, puesto que ahí es donde se debate la aplicación de nuestra teoría en la sociedad, en las luchas del día a día, lo cual es la tarea fundamental de los comunistas.

El último día fue todo emoción e impaciencia. Aunque estábamos agotados, la felicidad por ver terminado un trabajo bien hecho y por dar la bienvenida al nuevo ciclo hizo que la mañana se pasara rápido. Debatimos las últimas enmiendas en plenario, y eso nos costó comer a la hora de la merienda. Más tarde dio comienzo el acto de clausura, con intervenciones internacionales, del secretario general y del coordinador federal de IU. Para mí, lo más interesante fue escuchar las conmovedoras palabras del representante de la JCP de Portugal, que sin traducción alguna supo transmitir fuerza y esperanza desde el país vecino víctima también del cruel capitalismo. Las intervenciones internacionales no tuvieron desperdicio, pudimos escuchar a chilenas (que me regalaron una bandera de la jota), a los combativos colombianos y a un sentido luchador saharaui, entre otros, que demostró una entereza abrumadora relatando las condiciones de vida de sus compatriotas por el cruel trato de Marruecos.

Finalmente, sale Anabel, la nueva secretaria general de la UJCE. Con sólo 24 años es capaz de pronunciar un discurso atronador, una declaración de guerra al capital en toda regla. “Declaramos la guerra al patrón y al patriarcado”. Yo he tenido la suerte de conocerla un poco más por su trabajo desarrollado en Andalucía, y como militante de base y bastante entregada  -creo- a la causa, sólo puedo proferir palabras de alabanza. Ha sido uno de los grandes éxitos de este congreso: una dirección contundente y formal. Esperemos que igualmente formada y revolucionaria, como las circunstancias requieren.

Tras jornadas de intenso trabajo, nos relajamos en una fiesta que creo que no voy a contar aquí, al menos hoy. Pero desde luego lo que tengo claro es la suerte, la inmensa suerte, que he tenido conociendo a gente tan maravillosa, tan amiga y tan importante que, a mi mismo lado, se deja la garganta y las manos por derrumbar este sistema de opresión. Si alguna vez, por casualidades que sólo el universo acierte a entender, leéis este humilde bosquejo, sólo tengo que daros las gracias por haberme enseñado tantas cosas, de política y de la vida.

Quisieron enterrarnos, pero no sabían que éramos semilla. Subcomandante Marcos

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