Yo elijo quiénes son mis hermanas

Pues ya está. FEMEN. Después de horas dándole vueltas y sin posicionarme, hoy suscribo las palabras de la Filósofa Frívola: “Siento no promover la unidad entre sisters, pero no voy a tragar con putofobias, islamofobias y demás para que permanezcamos unidas”.
[Aclaro: como se ve a continuación, no estoy hablando de la acción, que puede ser potente. Estoy hablando de ellas. Y sí, importa la enunciación pero también el lugar desde el cual se enuncia… y tanto que importa].
Desde luego, no voy a ser yo la que linche a Femen mediáticamente. De hecho, las voy a defender frente a la autoridad policial, institucional y mediática, pero como una estrategia antirrepresiva, como lo haría con cualquiera, y más si son reprimidas por ser tías y por ocupar un espacio que no les corresponde. Pero tampoco voy a alabar a estas chicas que se pavonean de sus cánones corporales normativos y los usan como reclamo publicitario; que deningran a las trabajadoras sexuales con sus discursos; que hablan por “las otras” desde su hegemónica blanquitud y su etnocentrismo deleznables; que no se coordinan, ni dialogan ni se interseccionan con los movimientos feministas autónomos (ni con ningún otro); que tienen líderes; que se organizan verticalmente y a modo de franquicia; cuyo poder mediático, como dice Yen, “invisibiliza y silencia a las que llevan décadas de lucha, las que hacen asambleas, las que hacen dossieres, las que pegan carteles, preparan encuentros y manis, las que teorizan, las que leen, debaten, todas las anónimas que luchan por el derecho al propio cuerpo y que no se señalan, cuyos nombres no trascienden, sino que se integran en lo colectivo”, que son ésas que les molan a los progres que se ríen de nuestros pelos y nos llaman feminazis.
Y lo de que el enemigo es otro lo tengo claro, lo dejo CLARITO COMO EL AGUA cada día, cada día en este muro, con todos los enlaces, vídeos, críticas que hago… Pero no voy a dejar de ser crítica con algunas que se hacen llamar feministas (ah, no, que era “femeninas”), que no tengo miedo al conflicto, ni siquiera a las diferencias irreconciliables. Que todas somos sujetas oprimidas por el heteropatriarcado, claro, pero mi barco es otro.
A vueltas con la sororidad. No quiero que seamos amigas todas a toda cosa. Yo elijo quiénes son mis hermanas. Por ejemplo, las campesinas de Veracruz. Qué Femen ni qué Femen

(Reflexión encontrada a través de facebook, pero que comparto plenamente).

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