Déjame esta madrugada
lavar tu llanto en mi pena,
Virgen de la Macarena,
llamándote camarada.

Flor del vergel sevillano,
sangre de tu santa tierra,
de la paz, no de la guerra,
jamás de Queipo de Llano.

Que tú no eres generala,
abogada del terror,
sino madre del amor,
lumbre que todo lo iguala.

Camarada, compañera,
de obreros y campesinos,
nunca de los asesinos
del pueblo que te venera.

Tú la representación
pura de la luz serena,
Virgen de la Macarena,
no de la provocación.

Muchacha de Andalucía,
la más clamorosa alhaja
de la sola cofradía,
de la gente que trabaja.

Rafael Alberti

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