América

—Moscú. ¿Eso está en Polonia? —me preguntaron en el consulado estadounidense en México.
—No —contesté—. Está en la URSS.
Ninguna reacción.
Me dieron el visado.
Más tarde supe que si un estadounidense se dedica a afilar puntas de agujas, puede ser el mejor del mundo en su oficio sin haber oído siquiera hablar de los ojos de las mismas. Los ojos no son su especialidad, y no tiene por qué saber nada de ellos.

Vladimir Maiakovski, América

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