La revolución burguesa

La revolución burguesa es un proceso muy contradictorio. La burguesía es una minoría propietaria, que solo puede derrocar el estado mediante la acción revolucionaria si consigue movilizar fuerzas sociales más amplias; pero estas fuerzas tienen intereses propios y la revolución es un proceso que da poder, por lo que las expectativas y demandas exceden rápidamente lo que la dirección burguesa revolucionaria está dispuesta a conceder. El problema es entonces que las aspiraciones democráticas y “niveladoras” inherentes a las movilizaciones de masas populares desencadenan temores profundamente arraigados entre los grandes propietarios, y esto suele causar que las revoluciones burguesas aborten. Así había sucedido en Alemania en la década de 1520 y de nuevo en la de 1620: en ambas ocasiones, los aristócratas protestantes conservadores se habían echado atrás al encontrarse con movimientos protestantes radicales del pueblo llano.
La envergadura y carácter del movimiento de masas son decisivos. Las revoluciones se ven marcadas por crisis sucesivas. En cada crisis las fuerzas revolucionarias y contrarrevolucionarias se enfrentan en un choque directo. Que la revolución siga adelante o se eche atrás depende del resultado. En algún momento, no obstante, hasta los burgueses más radicales, si desean preservar sus propiedades, deben interrumpir el impulso del movimiento de masas desde abajo que los ha llevado al poder.

De los neandertales a los neoliberales, una historia marxista del mundo
Neil Faulkner

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