La conciencia sindicalista

Lenin distinguía entre la “conciencia sindicalista” y la “conciencia revolucionaria”. La primera es la actitud habitual de la mayoría de los trabajadores; no les gustan determinados aspectos del sistema y a veces luchan por determinadas reformas específicas, pero no se comprometen a una lucha decidida para derrocarlo. El reformismo es la forma política de la conciencia sindicalista. Expresa la limitadas aspiraciones de los trabajadores a un cambio político dentro del sistema, sin reflejar los intereses de los trabajadores como clase, que consisten en el derrocamiento del capitalismo y su sustitución por un sistema basado en la democracia, la propiedad colectiva y la satisfacción de las necesidades humanas. Refleja en cambio los intereses de una capa social específica dentro del movimiento obrero: los dirigentes sindicales, políticos y sus respectivas burocracias de funcionarios, asesores y expertos a tiempo completo. El papel político de la burocracia consiste en negociar los términos de explotación en el lugar de trabajo u obtener reformas sociales en el parlamento. En su desempeño de ese papel mediador entre capital y trabajo, trabajan junto a los representantes de la clase dominante. La situación social de esta aristocracia obrera es privilegiada comparada con la de los trabajadores ordinarios, y el ambiente es relativamente confortable y conservador.

De los neandertales a los neoliberales, una historia marxista del mundo 
Neil Faulkner

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