Se questo è un uomo

Introducción y contextualización

Como introducción, podría decirse que Si esto es un hombre (Primo Levi, 1947) es una obra de reflexión acerca de la naturaleza del ser humano y, por tanto, de interrogantes y de certezas que se diluyen cuando hay que escoger entre la vida o la muerte. Más allá de la narración misma –su vida en Auswitchz–, subyace el cuestionamiento constante sobre qué es el hombre y, sobre todo, si en algún momento es posible dejar de serlo. En otras palabras, se trata de una radiografía literaria del combate entre aquello que nos humaniza y aquello que nos animaliza, la pugna entre dos pulsiones que se enfrentan bajo condiciones extremas.

Y, de hecho, a lo largo de las páginas de la obra acompañamos a Primo Levi en un proceso de deshumanización mutua entre dos sujetos claramente diferenciados: los presos y los responsables nazis. Nos ocuparemos de este análisis más adelante.

En la travesía de responder esta pregunta, Levi deambula por la multiplicidad de caracteres que aparecen en la obra intentando, sin justificarlos, llegar a comprenderlos. Investiga sus motivaciones, sus historias vitales y sus desgracias, contribuyendo a conformar involuntariamente, creo, un retrato de la globalidad del campo de concentración como microcosmos. Él, aunque es un preso común, actúa como un observador las más de las ocasiones, porque es capaz de insertar una dosis de reflexión ante todo lo que sucede. Quizás no esté fuera de lugar considerar, entonces, que Primo Levi compagina la difícil supervivencia con el oficio de la sociología cotidiana.

Fundamentalmente, Si esto es un hombre constituye una de las aportaciones de más valor a la literatura concentracionaria, además de ser pionera en ese campo. Escrita en muy pocos meses tras la liberación de su autor, reúne todo un abanico de experiencias verídicas sobre la vida en un campo de concentración y exterminio. La originalidad de la obra estriba, sin embargo, en que su forma de narrar es antitética a lo que se narra. Frente a la dureza inherente de aquellas vivencias, Primo Levi es capaz de ofrecer un relato hasta cierto punto cándido que nos aproxima a una realidad desagradable pero haciendo gustosa la lectura.

No obstante, eso que hoy confiere valor a esta obra –el hecho de ser un testimonio de primera mano y su calidad literaria– no fue valorado e incluso obstaculizó su publicación en aquel momento. En 1947 pasó desapercibida y no fue hasta su reimpresión una década después cuando adquirió notoriedad. En relación a esto, Tony Judt sostiene que, tras el fin de la guerra, se impuso un clima de silencio o de olvido consciente de lo sucedido y, en particular, en Auschwitz (1). En su momento, el antisemitismo nazi fue ciertamente infravalorado por parte de los intelectuales de la época, que no lo colocaban en el centro de sus reflexiones aun considerando que los judíos habían sido víctimas de la guerra. Entonces eran otros los acontecimientos que suscitaban el interés de la intelectualidad antifascista (tales como la Guerra Civil española o el caso Deyfrus), a pesar de que ya desde 1933 podía inferirse el peligro al que estaba expuesta la comunidad judía (2).

Por tanto, el hecho de presentar públicamente en aquel momento de convalecencia un relato sobre la crueldad inmediatamente anterior hace de esta obra algo subversivo, que aún no debía contarse pero que Primo Levi contó. Podrían establecerse algunos paralelismos con la situación española, que es, en cuanto a memoria histórica, más grave si cabe. También fue difícil denunciar los crímenes franquistas. Sin embargo, el posterior apoyo institucional recibido en el caso de Primo Levi, y del Holocausto en general, es el que le permite impartir conferencias y editar su libro por todo el mundo, pero ese ejercicio de reparación no lo encontramos en España hasta una época muy tardía y con grandes deficiencias.

Como ya se ha mencionado, y a modo de contextualización, el libro nos permite, además, adentrarnos en las realidades más candentes de lo que fue la Segunda Guerra Mundial, comenzando con el ejemplo evidente de los partisanos. Primo Levi es capturado en 1943 cuando se halla en el monte formando parte de la Resistencia antifascista (grupo justicia y libertad investigar. Es un partisano.

La situación de precariedad en la que vive su grupo es extrema, pero no existe la posibilidad de elegir otra alternativa para escapar de las asfixiantes leyes raciales a las que está siendo sometida la comunidad judía. En este sentido, el racismo exacerbado del ideario nacionalsocialista sobre todo y también del fascista, conduce a la adopción de medidas de depuración racial que se implantan de manera progresiva y creciente en intensidad hasta constituirse en genocidio, afectando no sólo a judíos, sino también a gitanos, homosexuales, deficientes mentales, etc. En el caso de Alemania es en el marco de la idea völkisch de nación racialmente superior –cuyos orígenes datan del siglo XIX– donde se gestan los pretextos de la aniquilación, ayudado con la puesta en marcha de toda una maquinaria médica y propagandística servicial al régimen. Habría que mencionar también los particulares y fortísimos elementos identitarios que acompañan al fascismo y al nazismo, con un culto a la personalidad del líder excepcional y una revisión –reinvención, más bien– de los mitos nacionales con objeto de inflamar el sentimiento nacionalista. En el libro, por ejemplo, se nos muestran las diarias marchas orquestales de grandes canciones alemanas a las que eran sometidos los presos de los campos de concentración. La cuestión radicaba en crear un imaginario colectivo concreto, aunque fuese a la fuerza.

Las leyes raciales de las que habla Primo Levi son las leyes raciales fascistas promulgadas entre 1938 y 1945 en el régimen fascista, primero, y en la República Social Italiana, posteriormente. El llamado Manifiesto de la Raza (1938) firmado por una decena de científicos y donde se afirmaba la supremacía de la raza aria sobre las demás influyó profundamente en la aprobación de los diferentes decretos-ley antisemitas, hasta ocho (3), donde se prohibía el matrimonio entre italianos y judíos, se les retiraba la ciudadanía italiana, se les prohibía entrar en Italia, inscribir a niños judíos en escuelas públicas, ser contratados por la administración pública y un largo etcétera. Son las equivalentes italianas a las Leyes de Nuremberg alemanas, un poco anteriores (1935), y demuestran la gran influencia que ejerció Hitler y el racismo antisemita nazi sobre la Italia Fascista. O, también, el interés táctico que poseía Mussolini en acercarse a la Alemania de Hitler.

Es evidente que se trata de uno de los primeros pasos de la práctica genocida, la identificación del sujeto a exterminar. Tras esta identificación, se procede al aislamiento en guetos, que en Polonia, por ejemplo, tuvieron un carácter especialmente dramático (4). El siguiente paso correspondería a la deportación y posterior exterminio.

Pero, volviendo a focalizar en los partisanos, constituyen un elemento que revela el carácter profundamente militarizado de toda la sociedad sin excepción, en un contexto innegable de guerra total, y supone un cuestionamiento de las formas tradicionales del ejercicio de la guerra. Es la forma militar que adquiere la sociedad civil alzada contra un enemigo común. Concretamente los partisanos reciben el apoyo y la legitimación de la población local porque conocen el territorio y están vinculados a él con el propósito de liberarlo. La ley es la ley de la Resistencia en su área de influencia, y su actuación de guerrilla no impide una disciplina férrea que no se puede incumplir (5). Por ello, es innegable el enorme peso que tuvieron los partisanos en el desenlace de la guerra (un ejemplo paradigmático sería el de Yugoslavia).

Por cierto, es necesario señalar que no es hasta 1944 cuando la Resistencia verdaderamente cobra mayor importancia.

Análisis de la obra

En cualquier caso, el Primo Levi partisano no excluye al Primo Levi judío por el que es capturado por milicias fascistas que colaboran con los nazis y enviado al campo de concentración de Fossoli. Este es el primer contacto que tiene Levi con las prácticas concentracionarias y las condiciones infrahumanas que habrá de soportar sistemáticamente desde entonces en adelante. Pero, sobre todo, destaca la actitud pesimista o, mejor dicho, en absoluto esperanzadora, que mantiene desde el principio. Cuando llega el momento de abandonar ese campo, nadie sabe a dónde hay que dirigirse, ni cómo será el trayecto, ni el motivo del mismo, pero él sabe que lo que sobrevendrá será peor. Si se acepta la analogía, Primo Levi es, en palabras de su compatriota Antonio Gramsci, pesimista de la inteligencia y optimista de la voluntad6. La actitud desesperanzada que demuestra no lo convierte en un sujeto pasivo, más bien al contrario.

Entre todo lo ininteligible sólo hay dos certezas: la incomprensión, paradójicamente, ante lo que sucede y la muerte. Antes de pasar a Auswitchz hay un grupo que es seleccionado y condenado a muerte, y la narración que nos ofrece aquí Levi es la narración de la resignación, de la asunción de que no hay escapatoria posible y que, por tanto, tampoco merece la pena anhelar algo distinto. La rutina continúa, los hombres beben y tocan música, la ropa está tendida. “¿No haríais igual vosotras? Si fuesen a mataros mañana con vuestro hijo, ¿no le daríais de comer hoy?” (7).

El proceso de deportación y viaje a Auswitchz es especialmente ilustrativo de la voracidad que, a partir de 1942, adquirió el proceso de exterminio y expropiación. Esos trenes en los que Levi sólo percibe asfixia y llantos infantiles son la ejemplificación de la «solución final» que institucionaliza la operación masiva de ejecución de judíos en cámaras de gas y que, según Himmler exigía, debía terminar en diciembre de 1942, aunque, como podemos comprobar, se prolonga en el tiempo (8).

Las condiciones de hacinamiento, hambre y sed que sufren durante el trayecto corresponden a la concepción de mercancía que se tiene de ellos. La negación y extracción de su propia humanidad ha comenzado: están siendo transportados como objetos y sus necesidades no son atendidas porque, de hecho, los objetos no las tienen. La lógica de la cosificación invade también el ámbito de las relaciones personales y, por tanto, se pierde la empatía. Levi describe el miedo que, en la oscuridad, les produce cualquier contacto con otros y cómo la primera reacción de todas es la autodefensa. En términos marxianos, podríamos hablar de enajenación o alienación forzosa.

A la llegada les espera la primera de las expropiaciones, la de sus pertenencias más personales. En el Reich no sólo se aprovecha la fuerza de trabajo. El camino hacia la deshumanización continúa: despojados de todo, son también rebautizados con un simple número, como ganado. Una vez allí, han de aprender las reglas básicas de supervivencia de manera acelerada porque quedarse atrás, no entender, negarse, significa la muerte. No obstante, ese aprendizaje se refuerza sobre todo con los elementos coactivos y represivos que ejercen los funcionarios nazis del campo. La violencia física es la ley de oro y se emplea como método de “adiestramiento”. Aquí es ya visible uno de los aspectos que hacen del personal nazi un sujeto homogéneo, gris y también deshumanizado. Deshumanizado en tanto que todos actúan maquinalmente, tratando a los presos como bestias, cumpliendo órdenes, por sórdidas que éstas sean. Es el mal banal, de aplicación funcionaril, mecánica, la aplicación racionalizada y burocrática de lo irracional, que diría Arendt (9).

De entre ellos, hay también otro grupo interesante de analizar: los “traidores”. En cualquier situación de opresión, los poderosos se sirven de ciertas personas en situación de debilidad a las que extienden algunos privilegios para traicionar la solidaridad los oprimidos y quebrar así cualquier posibilidad de organización efectiva entre ellos, en este caso algunos judíos. “[…] ofrézcase a algunos individuos en estado de esclavitud una posición privilegiada, cierta comodidad y una buena probabilidad de sobrevivir, exigiéndoles a cambio la traición a la solidaridad natural con sus compañeros, y seguro habrá quien acepte” (10).

El proceso de adaptación al Lager implica aprender la picaresca necesaria para sobrevivir. Debido a las condiciones nefastas en las que viven, cualquier cosa puede resultar útil para incrementar mínimamente la calidad de vida. La imaginación se desarrolla hasta límites insospechados y alrededor de esto se forma todo un mercado negro en el que están implicados tanto presos como funcionarios y Kapos que buscan sacar algún rédito a través de la especulación y el favoritismo. Desde el principio se relata, pero es cuando Levi comienza a trabajar en el laboratorio donde lo vemos con más claridad. Hay presos que se especializan en alguna cosa –Primo Levi por ejemplo en las escobas– y se comercia con trozos de pan o raciones de comida. Por otra parte, desde el principio Levi aprende a ser muy celoso de sus pocas pertenencias, porque la solidaridad prácticamente no existe y en cualquier descuido se pueden robar las cosas. Todo esto demuestra cómo el egoísmo se ha vuelto un valor dominante. “Todos aquí son enemigos o rivales” (11).

La vida en el Lager es la puesta en escena del darwinismo: sobrevive el más fuerte, el más hábil, el más ingenioso. Los que no se adaptan, los débiles, los atemorizados que no infringen las reglas, acaban muriendo (12). Y es que lo extraño allí es no morir, ya que las jornadas extenuantes de trabajo, la escasísima alimentación y la ausencia de unas medidas mínimas de higiene provoca una salud frágil. No obstante, es usual que muchos presos quieran alargar o forzar su estancia en el Ka-Be o enfermería porque, a pesar de la enfermedad, las condiciones son un tanto mejores. Lamentablemente, cuando hay abundancia de desgracias, hay que priorizar unos dolores sobre otros. Primo Levi, que pasó por allí, lo describe así:

“La vida del Ka-Be es de limbo. Las incomodidades materiales son relativamente pocas aparte del hambre y de los dolores relativos a la enfermedad. No hace frío, no se trabaja y, de no cometer alguna falta grave, no pegan” (Pág. 53).

En relación a ello, este libro es realmente útil para hacerse una idea del beneficio que sacó el Reich con la implantación de los campos de concentración. Los campos de concentración y exterminio no existían porque sí, sino que tenían una esencia más profunda en la explotación económica y laboral, de trabajos forzados, a la que eran sometidos todos los presos con la connivencia de las grandes empresas. De hecho, la economía intervencionista nazi actuaba en favor del gran capital monopolista y de la mano de obra de los campos de concentración se beneficiaban grandes empresas como Bayer, Krupp, BMW, Ford, Nestlé, Wolkswagen, Siemens y otras muchas. Monserrat Roig, en su libro Els catalans als camps nazis señala que, por ejemplo, en 1944, el consorcio de empresas Krupp obtuvo más de 110 millones de Reichsmarks de beneficios, con la explotación de más de 250.000 presos que trabajaban en sus 81 centros de producción (13).

También Ferrán Gallego menciona concretamente la instalación de filiales de I. G. Farben en Auswitchz y Birkenau, ademán de casi cuarenta campos-satélite que alimentaban las necesidades de trabajo y la oferta de mano de obra (14). Frente al lema “El trabajo os hará libres” que se exhibía a las puertas de algunos campos de concentración, entre ellos el de esta historia, la realidad se nos revela con crudeza: el trabajo los hizo esclavos.

Asimismo, en el documental Los socios americanos de Hitler (Dieter Schröder y Joachim Schroeder, 2003) se analiza el papel primordial desempeñaron algunas compañías americanas (Opel, Ford, Coca-Cola, IBM) para poner en marcha la maquinaria armamentística del Führer antes del estallido de la guerra.

A pesar de la deshumanización imperante de la que hablábamos anteriormente, hay elementos que se resisten a formar parte de esas prácticas cosificadoras. Primo Levi plantea en un momento determinado que lavarse se ha convertido en un acto insulso que no le aporta nada como persona porque es una pérdida de tiempo en lo poco que le queda de vida. La cultura humana siempre le ha concedido gran importancia al aspecto físico y a su cuidado, y sin embargo aquí se declara un absoluto desprecio por ello. Parece que ya Levi sólo se siente libre en sus funciones animales y en cambio en sus funciones humanas se siente como animal (15). Pero, aunque ese sentimiento pudiera ser generalizado, uno de los presos se niega a perder esa característica tan humana y piensa defenderse hasta las últimas consecuencias oponiéndose a la animalización impuesta.

“[…] que precisamente porque el Lager era una gran máquina para convertirnos en animales, nosotros no debemos convertirnos en animales; que aun en este sitio se puede sobrevivir, y para ello se debe querer sobrevivir, para contarlo, para dar testimonio; y que para vivir es importante esforzarse por salvar al menos el esqueleto, el armazón, la forma de la civilización. Que somos esclavos, sin ningún derecho, expuestos a cualquier ataque, a una muerte segura, pero que nos ha quedado una facultad y debemos defenderla con todo nuestro vigor porque es la última: la facultad de negar nuestro consentimiento. Debemos, por consiguiente, lavarnos la cara sin jabón, en el agua sucia, y secarnos con la chaqueta. Debemos dar betún a los zapatos no porque lo diga el reglamento sino por dignidad y limpieza. Debemos andar derechos, sin arrastrar los zuecos, no ya en acatamiento de la disciplina prusiana sino para seguir vivos, para no empezar a morir” (Pág. 43).

El preso Steinlauf ha entendido que abandonarse físicamente también es una forma de derrota y de muerte. Es un reducto de rebeldía, de reivindicarse humano, de proteger la dignidad mediante la higiene que tiene a su alcance. Es, en resumen, el único ejercicio de oposición al que tenía acceso y una manera de reivindicar una identidad propia.

Las selecciones son otra de las vivencias de Levi narra en esta obra, y que ilustran a la perfección la dinámica represora que, de forma sistemática, acababa con la vida de los más inservibles. Se había instaurado como una costumbre conocida por todos, la presencia de la muerte era constante. A veces también tenía lugar de manera totalmente arbitraria, mediante la asignación de unos números que por azar condenaban o salvaban.

Para Primo Levi hay un momento que marca un antes y un después en su estancia en Auswitchz: su acceso al Kommando Químico. Por sus conocimientos de química, y tras pasar un examen, es requerido para un laboratorio especializado. No es conseguir unas poquísimas ventajas respecto al resto lo que lo hace reflexionar, sino el hecho de diferenciarse de los demás porque, aun siendo tan esclavo como ellos, no tiene que transportar piedras o vigas. La envidia que sienten los otros le hiere, pero a la vez siente que ha vuelto a ser algo más hombre. Como todo el libro, también este fragmento y el sentir de Primo Levi están recorridos por contradicciones.

En el laboratorio Levi reanuda su contacto con mujeres “de verdad” (16) después de todo ese tiempo. Son las secretarias del laboratorio y muestran un absoluto desprecio e incluso asco por él y sus compañeros, y ellos, a su vez, se hacen conscientes de su inferioridad y sienten vergüenza. No es más que el reflejo del profundo calado que tuvieron las ideas de superioridad racial y antisemitismo entre la población alemana. La retórica racista fue secundada por el grueso de la población y, obviamente, por los medios de comunicación de masas que poseía el Reich. También se pone sobre la mesa la poca verosimilitud de la más que repetida afirmación de que los alemanes no sabían lo que estaba pasando en los campos de concentración y exterminio.

El último de los puntos interesantes a tratar concierne a la liberación de Auswitchz por parte del Ejército Rojo, que puso fin al infierno que relata Primo Levi. Ya desde 1942 las fuerzas alemanas sufrirían varios reveses, con la caída de Stalingrado, la derrota de Kurk, el desplome del fascismo italiano, el desembarco de Normandía, la liberación de Francia… Además, en la Conferencia de Yalta del 20 de enero, los aliados renuncian a cualquier pacto con el nazismo y piden la cabeza del régimen entero. Los dirigentes nazis, Hitler, Goebbels, Keitel, Jold, Dönitz, sumidos en la desesperación, resuelven luchar hasta el final.

El 13 de abril las tropas soviéticas toman la ciudad de Viena. Tres días más tarde, la línea del Older se desmorona ante una nueva ofensiva rusa. El día 20 cae Berlín en una infernal batalla. Como sabemos, Adolf Hitler se suicidará el 30 de abril, junto a Eva Braun. También lo hará Goebbels, quien antes ha envenenado a todos sus hijos (17).

Pero Auswitchz fue liberado con anterioridad, el 27 de enero (18). Allí los soldados del Ejército Rojo se encontraron aproximadamente a unas siete mil personas en un estado deplorable cercano a la muerte. Tal y como relata el libro, el campo fue evacuado unos días antes, sin embargo no con el resultado que muchos esperaban («Estaba a punto de suceder algo grande y nuevo: se sentía por fin alrededor una fuerza que no era la de Alemania, se sentía derrumbarse materialmente todo nuestro maldito mundo»). Tuvieron lugar las largas y terribles “marchas de la muerte” donde fueron evacuados a pie miles de prisioneros, muchos de los cuales murieron en la travesía, y también se ultimaron los asesinatos.

Sin embargo, hubo reducido grupo que no fue evacuado y que resistió hasta la llegada de los rusos, dentro del cual se encontraba Levi. Estas últimas páginas tienen una intensa carga dramática, más que en cualquier otra parte en mi opinión, y presentan la lucha bestial de la vida por perpetuarse. Saben que el final de aquel calvario está cerca, pero no aciertan a saber exactamente cuándo ni en qué condiciones. Por tanto, deben desarrollar unas capacidades increíbles de supervivencia en un entorno totalmente hostil, sin electricidad, comida, sin fuerza, pero con esperanza. Ahí aflora la verdadera naturaleza de Primo Levi, luchadora, tenaz, para nada egoísta. Se erige dirigente del reducido grupo de enfermos que lo acompaña y desarrolla tareas de búsqueda en el exterior. A partir de este momento volvemos a ver actitudes colaborativas y solidarias para garantizar la supervivencia común. Las relaciones de fraternidad forjadas en ese periodo de tiempo son más fuertes que nunca.

La pregunta eterna parece, por fin, responderse. Ahora vuelve a resucitar el hombre.

Valoración crítica

Los que vivís seguros
en vuestras casas caldeadas.
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
la comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
quien no tiene cabellos ni nombre
ni fuerzas para recordarlo,
vacía la mirada y frío el regazo
como una rana invernal.
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
grabadlas en vuestros corazones
al estar en casa, al ir por la calle,
al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe,
la enfermedad os imposibilite,
vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

Sería demasiado simplista quedarse con la impresión de la inmensa suerte que tenemos y de lo privilegiados que somos tras leer este libro. Al pensar en Si esto es un hombre cabe mucho más, una infinidad de matices que son, ante todo, filosofía. La fuerza conmovedora de la obra es incuestionable por el mero hecho de que va destapando verdades, una tras otra, y poniéndolas frente al lector de manera llana y directa. Con Primo Levi aprendemos que la sociedad es una construcción inestable que se evapora en unas determinadas condiciones. De hecho, para mí Auswitchz no es sociedad porque no hay voluntad de convivir –la voluntad es el pegamento de cualquier situación social a largo plazo–, sino la necesidad única y exclusiva de sobrevivir, más allá de cualquier otra consideración. Es, por tanto, un caos organizado bajo condiciones extremas de opresión y donde los oprimidos han sido despojados de todo aquello que les permitiría subvertir la situación: con el estómago vacío no se puede hacer la revolución, pero se genera mucho odio, un odio visceral e inexplicable. Pero es que, además, a Primo Levi y a sus compañeros de penurias se les ha prohibido ser hombres, se les ha negado la humanidad y, asumidos como máquinas, puede que le estén dando la razón a Adam Smith, aunque me pese, en aquello de que el carnicero actúa por propio interés y amor propio.

Los que hemos tenido la suerte –digo suerte porque soy de las que piensa que, por muy doloroso que sea, es necesario ejercitar la memoria histórica permanentemente– de conocer Auswitchz o lo queda de él encontramos aquí la expresión en palabras que aquello que nos acongojó y nos anudó la garganta tan solo de imaginarlo. Por eso, para los que lo han vivido, supone un ejercicio de prodigalidad narrarlo todo fielmente manteniéndose alejado del morbo o de un tratamiento frívolo como acostumbran las producciones hollywoodienses. Este libro consigue que la lágrima vertida del lector, al menos la mía, no esté recreada en el sufrimiento y la abyección, sino en el dolor puro y limpio de quien se opone a las injusticias.

En un plano literario, creo que se trata de un texto delicioso que fue un tanto infravalorado por la crítica en sus inicios. Muestra que no es necesario acudir a una prosa recargada o minada de complejas figuras retóricas para alcanzar la belleza. Que se usen frases sencillas no implica en absoluto que no sea profundo, más bien al contrario: cada frase es una sentencia y una reflexión digna de estudio (19) que aporta una visión diferente a la que la industria de nuestra época nos tiene acostumbrados cuando se trata de mirar al pasado. En este sentido, es difícil no hacer comparaciones con otras obras de la misma temática, para desgracia de esas otras obras casi siempre. En El niño con el pijama de rayas, por citar una ciertamente difundida, además de que las circunstancias en las que fue escrita son realmente diferentes, no conocemos unos puntos de vista tan meditados como los de Primo y la calidad de lo que se cuenta es totalmente inferior, incluso una banalización.

Quizás lo que diferencia a ésta de otras obras del estilo es la intención. Primo Levi no busca que nos compadezcamos, ni busca construir un relato mitificado y a todas luces falso del Holocausto para favorecer a una de las potencias vencedoras como sucede con el cine estadounidense. Primo Levi escribe porque lo necesita, porque encuentra un sosiego en plasmar todo ese aluvión de sensaciones que le produjo aquella experiencia, porque tiene una deuda con esa humanidad que le intentaron arrebatar. No le interesa lo que pueda pensar el posible lector, le interesa ser fiel a sí mismo.

Por otra parte, Si esto es un hombre constituye una plataforma perfecta para conocer íntimamente al escritor. Desde el primer momento, Primo Levi se me aparece en el buen sentido de la palabra, bueno, si aceptamos apropiarnos de los versos machadianos. Diría, incluso, inocente. Por cómo relata los acontecimientos pareciera que, a pesar de su pérdida de fe, es imposible encontrar dentro de él un ápice de maldad. Le molesta ver sufrir a los demás, desprecia a los insolidarios y contribuye, en la medida de sus escasísimas posibilidades, al bienestar colectivo. Él se niega en todo momento a someterse la órdago animalizador, se reivindica hombre y desprecia el antihumanismo y el romanticismo reaccionario militante que difunde el fascismo, en calidad de científico y de antifascista. En las páginas de este libro no he dejado de percibir, soterradamente, un halo de incomprensión. Nadie comprende la naturaleza de la monstruosidad que se está viviendo, pero Primo Levi es particular porque consigue desplegar esa incomprensión y hacerla una obra literaria, donde aprovecha para divagar indirectamente sobre el significado de ser hombre, esto es, lo que nos hace realmente humanos. ¿Son hombres –y mujeres– esas masas uniformes que vagan escuálidas en el frío polaco? ¿Son hombres esas cabezas rapadas que pesan tanto sobre los cuerpos esqueléticos? ¿Son hombres los que han muerto de inanición, de enfermedad? ¿Son hombres los esclavos? No es posible, se contesta Levi, esto no es la vida, nos han secuestrado el derechos de ser hombres y mujeres. No somos libres. Ser hombre es otra cosa.

Esta es la afirmación rotunda que encontramos si nos adentramos en la obra más de lo habitual. Pero también en esa pregunta caben los culpables. Hay culpables. ¿Son hombres los que por la mañana besan a sus hijos antes de ir a la escuela y por la tarde ordenan gasear a miles de personas? Esta reinstauración del mal de mano de numerosos Eichmanns no es sólo fruto de la mera obediencia. Difiero un tanto con Hannah Arendt; creo que la irracionalidad de los actos no exime de su responsabilidad y conocimiento. Desconocer que algo constituye un delito no implica que deje de ser delito. Es más, aunque actuasen como máquinas, conocían la maldad intrínseca de lo que estaban haciendo e igualmente lo hacían. Tampoco es la primera vez que el ser humano hace el mal entendido como idea absoluta, pero quizás tenemos la memoria débil. ¿Es que no han sido carnicerías las cruzadas medievales o la colonización del continente americano?

Me niego a pensar, como se ha difundido hasta la saciedad, que la irracionalidad del Holocausto y del ideario nazi-fascista es una monstruosidad sin más, abstracta y aislada del mundo social que, en última instancia, es su creador y fomentador. La génesis de tal desprecio por la vida humana tiene su razón en un capitalismo en crisis que se niega a morir y, es más, intenta henchirse de más y más posesiones acudiendo a su forma extrema de imperialismo. Tendrá razón Bertold Brecht al decir que un fascista no es más que un burgués asustado.

El desprecio que de puertas afuera mostraba el fascismo por el liberalismo no termina por resolverse en su interior. A pesar de denostar la forma burguesa de democracia en los inflamados discursos de sus dirigentes, no hay nada más liberal que el individualismo y el idealismo que constituye uno de los principios clave del fascismo, el egoísmo de poseer más y excluir a determinados grupos a su acceso. Ya se sabe que, como decía Marx, «la desvalorización del mundo humano crece en relación directa a la valorización del mundo de las cosas.» (20)

Nos queda, sin embargo, la esperanza de Primo Levi. Una esperanza cálida que, por suerte, nos ha quedado para la historia en forma de libro. Y entre tanta desgracia, podemos pensar también, como él, en la mitología clásica que a la que alude, aunque sea en Tántalo; y podemos pensar en la literatura, en Dante y en la Divina Comedia, en otro infierno que no sea Auswitchz. Debemos agradecer tanto como sepamos estos ejercicios de memoria, que quizás nos ayuden a no repetir lo pasado. Es imposible no pensar en nuestra casa; en nuestro país, con nuestro holocausto particular, aún queda mucha justicia por la que batallar. Sea como sea, ser cultos, en lo propio y en lo ajeno, es la única forma de ser libres.

Bibliografía

— Tony Judt, Sobre el olvidado siglo XX, Taurus, Madrid, 2008.

— Enzo Traverso, A sangre y fuego. De la guerra civil europea (1914-1945), Valencia, PUV, 2009.

— Ferrán Gallego, De Múnich a Auschwitz. Una historia del nazismo, 1919-1945, Barcelona, Plaza y Janés, 2001.

— Karl Marx, Manuscritos de economía y filosofía, Alianza Editorial, Barcelona, 2013.

— Monserrat Roig, Els catalans als camps nazis, Edicions 62, Barcelona, 2001.

— Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX, Pasado y Presente, Barcelona, 2012.

— Salvador Giner, Historia del pensamiento social, Ariel, Barcelona, 2012.

———————————

1. T. Judt, Sobre el olvidado siglo XX, Taurus, Madrid, 2008, pp. 56 y ss.

2 . E. Traverso, A sangre y fuego. De la guerra civil europea (1914-1945), PUV, 2009, pp. 223 y ss.

3.P. E. Brownfeld, «The Italian Holocaust: The Story of an Assimilated Jewish Community». ACJNA.org, 2008.

4 F. Gallego, De Múnich a Auschwitz. Una historia del nazismo, 1919-1945, Barcelona, Plaza y Janés, 2001, pp. 417-419.

5E. Traverso, A sangre y fuego…, pp. 71-76.

6. Antonio Gramsci, Contra el pesimismo, L’Ordine Nuovo, 15 de marzo de 1923.

7 Primo Levi, Si esto es un hombre, El Aleph Editores, Barcelona, 1998, pág. 14.

8. F. Gallego, De Múnich a Auschwitz…, pp. 426-427.

9. S. Giner, Historia del pensamiento social, Ariel, Barcelona, 2012, pág. 728.

10. P. Levi, Si esto es…, pág. 99.

11. P. Levi, Si esto es…, pág. 44.

12. «Sucumbir es de lo más sencillo: basta cumplir las órdenes que se reciben, no comer más que la ración atenerse a la disciplina del trabajo y del campo […]». P. Levi, Si esto es…, pág. 98.

13. Monserrat Roig, Els catalans als camps nazis, Edicions 62, Barcelona, 2001.

14. F. Gallego, De Múnich a Auschwitz…, pp. 428.

15. K. Marx, Manuscritos de economía y filosofía, Alianza Editorial, Barcelona, 2013.

16. Primo Levi sí se cruzaba con mujeres por la Buna del campo, pero no las consideraba mujeres de verdad porque vestían pantalones, sudaban y trabajaban con pico y pala. Vemos una de tantas ideas insertas en nuestra sociedad patriarcal: si una mujer no se adapta a la idea de feminidad –construida socialmente, por cierto, al igual que la masculinidad– entonces no es mujer. En una sociedad patriarcal como la que describe, la coincidencia entre el sexo y el género es plena. Es decir, los roles de género no pueden “confundirse” o “mezclarse”, cualquier tarea que implique fuerza o destreza será asociada a los hombres masculinos y las que tengan que ver con los cuidados y los sentimientos serán asociadas a la feminidad y, por tanto, a las mujeres. Por eso, para Levi, una inversión de estos roles le hace descartar que ésas sean mujeres “verdaderas”.

17. F. Gallego, De Múnich a Auschwitz…, pp. 444-446.

18. «La primera batalla rusa vio el campo a mediodía el 27 de enero de 1945…». P. Levi, La tregua, El Aleph, Barcelona, 2002.

19. Especialmente en el capítulo Los hundidos y los salvados (pág. 95) de la edición ya citada Primo Levi despliega todo su potencial reflexivo haciendo un retrato de cómo esa deshumanización de la que ya hemos hablado va ganando terreno indiscutible e irremediablemente.

20 K. Marx, Manuscritos de…, pág. 134.

V.G.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s