La telebasura: una perspectiva comparada desde los fundamentos de la sociología

Presentación del fenómeno

Uno de los fenómenos más llamativos del siglo de las telecomunicaciones es, sin duda, una particular manera de concebir la televisión o, mejor dicho, los contenidos de la televisión –y, en general, del resto de medios de comunicación– caracterizada fundamentalmente por el sensacionalismo, la promoción del morbo y el poco rigor informativo a la hora de abordar los acontecimientos. Este efectismo donde predomina, a ser posible, el dolor ajeno y el impacto como formas principales de transmisión de mensajes, es lo que comúnmente se ha dado en llamar telebasura. El concepto englobaría, por tanto, aquellas técnicas encaminadas a incrementar por todos los medios la audiencia a través de la degradación de los contenidos ofrecidos al espectador. En este sentido, se consideraría telebasura todo lo que primase el enfrentamiento, la humillación, el insulto o la invasión de la intimidad frente a los valores que históricamente se han vinculado con el periodismo (verificación de la información, responsabilidad, rectificación, respeto a la presunción de inocencia, persecución de la objetividad…). Por tanto, si se dan estas circunstancias, cualquier espacio puede ser telebasura, desde los conocidos reality shows hasta debates políticos.

La evolución de la telebasura es, en realidad, la evolución de los medios de comunicación en su conjunto, entendiendo que reflejan una serie de transformaciones en la forma de entender la relación que debe establecerse entre los medios de comunicación y la población. Estos medios son también actores políticos que intervienen directa o indirectamente en la configuración, aplicación y percepción social de medidas políticas. La forma de abordar la realidad repercutirá claramente en la conformación de un determinado estado de opinión. Por eso es significativo el papel que juegan en la sociedad en tanto que también elemento constitutivo de la misma, y es necesario establecer al menos una caracterización breve del fenómeno que nos disponemos a analizar, considerando, sobre todo, que promueven la indiferencia frente a la violencia, el consumismo basado en estereotipos dañinos y la irreflexión.

El interés sociológico reside básicamente en el debate que la cuestión de la telebasura puede suscitar. ¿Es la telebasura un mero reflejo de comportamientos sociales hegemónicos o, por el contrario, a través de su emisión fomenta prácticas que de otra forma no estarían presentes en el seno de la sociedad? Para desentrañar este asunto en el contexto del Estado Español, donde la presencia de la telebasura es incluso desmedida en comparación con otros países, es indispensable acudir al pensamiento de los clásicos de la sociología, asumiendo que sientan las bases generales del pensamiento posterior, y que pueden proporcionar respuestas satisfactorias gracias a sus categorías de análisis. En este trabajo intentaremos dar respuesta a cómo se concreta la influencia de la telebasura ofreciendo una perspectiva comparada anclada en los fundamentos teóricos de la sociología.

Posición de cada clásico

Karl Marx

Para entender la perspectiva marxista de la telebasura o la interacción de los medios de comunicación es indispensable acudir, por una parte, a su teoría sobre la ideología, que desarrolló fundamentalmente en La ideología alemana –teoría que ha sido ampliada y desarrollada por otros marxistas subsiguientes–, donde discute intelectualmente con Hegel y otros representantes posteriores del idealismo alemán de la época. Y, también, por otra, a los postulados sobre la alienación presentes en los Manuscritos de 1844.

El contenido degradado y, a la vez, degradante de la telebasura tiene un componente alienante (entendido como elemento de extrañeza o enajenación) evidente si lo analizamos desde distintos puntos de vista. Ante todo, es alienante es tanto que aleja o hace olvidar al público la opresión que sufre operando como una distracción. Los temas tratados en estos programas de televisión raras veces abordan problemas políticos de forma estructural y, cuando lo hacen, se trata como algo frívolo y tan superficial que sería imposible extraer la noción de lucha de clases que se encuentra vigente en nuestra sociedad. Gran parte del consumo de la telebasura proviene de trabajadores asalariados que lo encuentran como una “vía de escape” tras una extenuante jornada laboral. Contemplando la vulgaridad y la ordinariez, se alejan de los problemas cotidianos, o sea, “sólo se sienten obrando libremente en sus funciones animales [entiéndase en este caso que hablamos de la telebasura], pero en sus funciones humanas se sienten como un animal”. Esto revelaría que el trabajador está alienado en varios planos: sobre el producto de su trabajo y con la propia actividad laboral, que no le reporta satisfacciones y debe acudir en este caso a la telebasura para buscarlas. Pero, sobre todo, se percibe una alienación de la actividad de la especie, es decir, de sus semejantes humanos, ya que el consumo de telebasura se convierte en una actividad aislada y personal que fomenta a la vez valores individualistas, incomunicándonos en cierto modo en tanto que comunidad social.

Por otra parte, es innegable que la telebasura transmite una serie de ideas y una determinada concepción del mundo, que derivan de la actividad material presente, en este caso el modo de producción capitalista contemporáneo. Para Marx, estas ideas serán siempre las ideas de la clase dominante, porque quien posee los medios de producción material posee también los medios de producción “espiritual”. Se establece una retroalimentación entre cómo llegamos a percibir la realidad y qué relaciones establecemos con ésta. En este caso, la telebasura transmitirá ideas ligadas a la clase dominante, como pudieran ser valores centrados en el individualismo, la competencia, el egoísmo o la búsqueda de la máxima ganancia, y no otros como la solidaridad o el internacionalismo.

Émile Durkheim

Los principales conceptos teóricos durkheimianos que podemos relacionar de algún modo con el fenómeno de la telebasura se encuentran dos de sus grandes obras, La división del trabajo social, donde podría entenderse que la telebasura juega un papel similar a la religión en el libro y El suicidio.

En primer lugar, podríamos establecer que la telebasura es un elemento que afianza la cohesión social, entendida ésta como los vínculos y relaciones sociales que unen a los individuos de una sociedad. Ver los mismos contenidos crea un sustrato cultural común y fortalece nuestras relaciones. No obstante, los asuntos que se tratan en la telebasura, caracterizados por el hostigamiento a la vida privada y la ausencia de límites con respecto a la misma, serían algo más propio de una solidaridad mecánica. La telebasura representaría un estado de conciencia que tiende al arcaísmo y donde juega un fuerte papel la identidad construida en base a la semejanza con el otro, es decir, la individualidad queda subsumida a la “solidaridad de grupo”. Ello es plenamente visible en tanto que lo que sale en televisión, y especialmente en relación a la telebasura, sienta un precedente estético, de forma de utilizar el lenguaje y de temas de conversación que son seguidos por el resto de la comunidad. La telebasura tiene gran capacidad de movilizar a una gran parte de la masa social, uniformizando prácticas sociales y fortaleciendo así la cohesión social. La autonomía individual rebaja su grado y quien no siga los mandatos indirectos se enfrenta a sanciones sociales.

Esta cohesión social favorecida por la telebasura tiene su origen en un mecanismo que mantiene unido al grupo llamado “conciencia colectiva”, que son las prácticas convencionales, que en este caso propaga la telebasura, que dan un sentido a las acciones en la vida social. Sin embargo, la conciencia colectiva no es una expresión de la conciencia individual. La disposición a tomar una actitud beligerante o agresiva con otro hablante sin atender a argumentos sólidos es algo común en los programas de telebasura, y constituiría parte de la conciencia colectiva como un patrón de comportamiento social. Cuanto mayor es la conciencia colectiva y más implantados están los programas de telebasura, mayor es la uniformidad social y más pronunciada es la resistencia a planteamientos distintos o transgresores. Además, participar de una serie de prácticas con la comunidad, en este caso el visionado de telebasura, permite la integración social de los individuos, o sea, asegura los vínculos y lealtad entre los grupos sociales y permite un desarrollo normal de la personalidad de los individuos. Situaciones adversas pueden provocar otros problemas, que era lo que Durkheim intentaba demostrar en El suicidio.

Por último, es posible considerar que el incremento de programas de telebasura esté dentro de una lógica anómica del mundo contemporáneo plagado de conflictos políticos y sociales. Si los mecanismos de regulación social se debilitan, emergen dispositivos sin límites éticos patentes.

Max Weber

El enfoque weberiano sobre la telebasura estará cimentado fundamentalmente en los aportes del autor sobre el desarrollo histórico del capitalismo en cuanto que se desarrollan patrones que influyen en nuestro comportamiento y en las consideraciones sobre el estatus de los grupos sociales, entendiendo que la telebasura puede ser un elemento homogeneizador de los mismos.

Para empezar, partiremos de la base de que la telebasura responde a un esquema de organización anclado principalmente en la racionalización como proceso que es inherente al desarrollo de la sociedad occidental moderna. La telebasura no deja de ser un negocio cuyo fin último es conseguir los máximos beneficios posibles, por lo tanto todo se orientará, mediante un cálculo preciso con los medios adecuados, a alcanzar ese objetivo. El cálculo pasa a ser una estrategia fundamental para controlar los resultados. Concretamente, las empresas de comunicación apuestan por los contenidos que generan más audiencia y, por lo tanto, más beneficios, y precisamente eso es la telebasura, concentrar en la programación todos los elementos morbosos que llaman la atención del público. Programas entendidos como grandes eventos televisivos, como pudieran ser Gran Hermano o Supervivientes, supondrían una McDonalización del sistema audiovisual (Sampedro, 2002), o sea, llevar hasta el final los principios de la organización de las burocracias modernas. Se trata de una orientación práctica hacia una realidad con el objetivo de dominarla activamente y extraerle todo el rendimiento. Por tanto, aunque no lo parezca, los contenidos que ofrece la telebasura responden a la planificación absoluta mediante el razonamiento técnico y forman parte de lo que Weber denominó acción racional. Es en última instancia una consecuencia lógica de que los valores económicos y el espíritu de ganancia hayan penetrado tan profundamente en la sociedad occidental.

Por otra parte, es posible vincular el alto consumo de telebasura a razones vinculadas con el llamado estatus de grupo, una competencia basada en el prestigio y reconocimiento social. Para los seres humanos es importante la estimación de honor social, es decir, cómo te reconocen desde fuera otros sujetos. Si la telebasura, al consumirse de forma masiva, se ha vuelvo un distintivo que proporciona un honor o estimación social positiva, los individuos intentarán hacerse miembros de ese grupo de estatus a través del consumo de este producto. El honor social puede ser percibido a partir de que ciertos individuos actúen como miembros de un grupo que comparte estilo de vida, hábitos y estima social. Estaríamos hablando más bien de patrones de consumo que no tienen por qué estar relacionados con la situación de clase o de mercado, ya que para Weber son esferas independientes. La estratificación del orden de estatus requiere por tanto la sumisión a los hábitos de gusto dominantes, y es aquí donde la telebasura opera como tal. Esto explicaría por qué la telebasura suele ser consumida por grupos sociales de todos los niveles de riqueza.

Sigmund Freud

Los aportes esenciales de Sigmund Freud al campo social o de la cultura, que también pueden vincularse con el fenómeno que estamos analizando, los encontraremos en El malestar en la cultura, donde sienta la tesis de que la cultura humana es el resultado de sacrificar la vida instintiva y reprimir las pulsiones espontáneas.

Esto nos podría ayudar a entender e interpretar mejor a qué responden los contenidos tan característicos de la telebasura, que suelen ser asociados con el morbo, el retorcimiento, la agresividad y la belicosidad de los participantes. Tomando el principio del psicoanálisis, la vida psíquica desempeña un papel extraordinariamente importante en nuestro desenvolvimiento como sujetos y si la televisión refleja la vida de los individuos –precisamente en el caso de la telebasura tenemos los ejemplos de los reality shows–, la huella de los conflictos psíquicos sobre todo durante la infancia también debe de estar presente. Sin embargo, la predisposición del aparato psíquico a satisfacer los instintos choca con el mandato cultural de reprimirlos. Para Freud, el ser humano tiene inclinaciones agresivas y destructivas, pero para que la convivencia entre todos pueda resultar factible, estas tendencias deben ser ocultadas. La cultura operaría entonces como todo aquello que nos diferencia de los animales. Por esta tensión constante entre la inhibición de los instintos y su satisfacción, entre otras cosas, la vida en sociedad provoca tanta infelicidad. La telebasura podría estar canalizando esta frustración cultural mediante la exhibición de comportamientos que fuera de ese contexto serían moralmente punibles. No es casual, por tanto, que en la telebasura se expongan actitudes sexistas, racistas o faltas de respeto y ridiculizaciones, y que sea tan celebrado con altas audiencias: estaría funcionando como un instrumento para la satisfacción de la agresividad instintual de cada ser humano.

En otro sentido, la perspectiva freudiana toma muy en cuenta el amor sexual o genital. Pero la cultura ejerce una represión para poder constituirse en comunidad. El enlace natural y muy fuerte en el ser humano sería la satisfacción genital, es decir, un impulso sexual que no está inhibido, no obstante es muy frecuente que el fin del amor genital sea inhibido o coartado, lo que favorece la formación de amistades y grupos de afinidad. Por ello, el consumo de telebasura, así como otros asuntos culturales, que crea una comunidad de intereses compartidos, podría ser tomado como una relación de amor coartado en su fin necesario para el desarrollo de la sociedad.

Sin embargo, ante la complacencia de los instintos, si aceptamos que la telebasura los satisface, nuestro psiquismo reacciona. Es usual encontrar cierta hipocresía al permitir conductas en la telebasura que fuera de ella son criticadas. Una de nuestras instancias psíquicas, el super-yo ejercería sobre nuestro yo una presión interna que desembocaría en un sentimiento de culpa que, por remordimiento, nos imposibilitaría para aprobar esas conductas en otros ámbitos de nuestra vida diaria.

Georg Simmel

Los escritos de Georg Simmel enmarcados en lo que más tarde se llamó sociología formal tienen interés en relación a la telebasura en tanto que se acercan, ejercitando una suerte de “microsociología”, a las diatribas de la vida cotidiana buscando encontrar las percepciones preconcebidas de los sujetos y cómo éstas influyen en los procesos específicos de socialización. Los temas que abordó, además, se encuentran plenamente integrados en la dinámica Modernidad como paradigma cultural y social.

Trataremos sobre todo sus contribuciones a la “filosofía de la moda”, pero teniendo en cuenta antes que, para Simmel, el individuo en la vida moderna se halla en una tensión constante entre querer formar parte de su grupo social a través de la mimetización y querer diferenciarse de éste mediante la singularidad. En esta dualidad se encuentra ubicada la moda, que para nosotros no será sólo estética sino extensible también a otros productos culturales como la telebasura. Ver telebasura sería entonces un mecanismo de imitación puesto en marcha para “encajar” y sostenerse en la sociedad: “la imitación proporciona al individuo la seguridad de no hayarse solo (…) descarga nuestro acto presente de la dificultad de sostenerse a sí mismo” (Simmel, 2008: 72). Lo que sostendría seguidamente Simmel aquí es que precisamente durante el proceso de imitación, el sujeto está adaptando para sí el producto que quiere imitar, haciéndose así único.

Sin embargo, en el marco del sistema capitalista, el producto desarrolla los dictados estéticos de forma arbitraria. Es decir, por ejemplo el consumo de telebasura en muchas ocasiones se hallaría más sujeto a una necesidad de reconocimiento de estatus que a preferencias personales del sujeto (lo que se llamó “objeto o producción sin productor”) (Mellado, 2012). En sus propias palabras, «la moda es imitación de un modelo dado» (Simmel, 2008: 73), que proporcionan las clases más altas y que se diferencia según las clases. Eso podría explicar que, cuanta más alta es la clase, peor valorado socialmente entre sus iguales está el consumo de telebasura. Los ritmos de renovación de la moda serían frenéticos –que en el caso de la telebasura es patente– y cambiarían cuando la clase más baja ha comenzado a imitar a la más alta.

Para concluir, es posible no sucumbir completamente a los dictados de la moda, pues siempre es posible conservar un sentimiento de pertenencia a uno mismo, una eventual conciencia de la propia individualidad. En opinión de Simmel, muchas veces la adopción de una determinada moda no está reñida con la conciencia de la subjetividad, por lo que la dinámica de homogeneización con los otros a través de seguir los mismos patrones estéticos o de consumo podría ser sólo aparente, conservando en el interior lo que verdaderamente se es.

Conclusión

El ejercicio de análisis que acabamos de realizar intenta proporcionar una imagen comparativa de las distintas aproximaciones teóricas de los clásicos de la sociología a un fenómeno de masas contemporáneo como es la telebasura. Eso implica asumir que no lo presenciaron y que lo que aquí se halla expuesto es una interpretación libre de categorías que originalmente tenían un propósito analítico diferente. Hay, aun así, como dijimos al principio, aportaciones sumamente interesantes que nos permiten comprender mejor la naturaleza de la telebasura como práctica fuertemente anclada en nuestra sociedad.

Entender la telebasura como un fenómeno actual implica acudir fundamentalmente a los enfoques marxistas y weberianos, por constituir éstos visiones claramente más integrales que las de otros pensadores. Es su globalidad la que permite que sus categorías sigan en parte vigentes y puedan adaptarse mejor a los cambios acontecidos. Es imposible aislar a los medios de comunicación del contexto político y económico que los rodea, lo que los convierte en sujetos activos que, al intervenir en una determinada realidad, contribuyen a su vez a transformarla. En este sentido, sostener que, en última instancia, la telebasura es ante todo un negocio es algo que está íntimamente relacionado con considerar que todavía hoy la sociedad occidental forma parte de un sistema económico donde predominan las relaciones capitalistas de propiedad, aunque, obviamente, con claras disimilitudes respecto al analizado por Marx y Weber. La brillantez del análisis de Max Weber en este punto estriba precisamente en haber entendido que el éxito de las empresas capitalistas radica en una forma específica de organización racional centrada en poner todos los medios a disposición de unos fines estrictamente calculados, en este caso, obtener los máximos beneficios. La telebasura no es ajena a este proceso: está producida por empresas del ámbito de la comunicación y la publicidad y, por tanto, su objetivo primordial no es otro que el lucro. En base a eso, acudiendo a Marx, los mensajes que transmiten se circunscriben al campo de la ideología en un intento de naturalizar las desigualdades y diferencias de clase que ubican a los propietarios de esas empresas de comunicación en un lugar más privilegiado respecto a los trabajadores. Es decir, lo que la telebasura transmite son sistemas de valores vinculados al individualismo y a la cultura ascética burguesa, y a la confrontación permanente frente a la solidaridad y la cooperación. Por tanto, es lógico que funcione también como un dispositivo alienante que persigue ocultar de alguna manera los conflictos que se dan en los lugares de trabajo, por ejemplo. Todo ello formaría parte de una estrategia para asegurar en el poder a la clase dominante.

Es evidente, de todas formas, que a día de hoy la telebasura es telebasura porque “vende” por otras cuestiones además de las antes citadas. Las altas cotas de audiencia se deben en gran parte a que no es necesario poseer una alta formación académica para seguir el hilo de la programación. Una rebaja del nivel intelectual lo hace accesible a cualquiera, especialmente a las capas más populares, lo que permite que llegue a más público. Eso facilita que se convierta en algo muy visto y por tanto un “ritual” social que, a través de su visionado, refuerza la cohesión social. Al ser un fenómeno muy popular, estar al tanto de lo que sucede en los programas de telebasura es un elemento que posibilita la integración social de los individuos y, por el contrario, ignorarlo puede ser motivo de cierta exclusión. En consecuencia, se forman alrededor de la telebasura grupos de estatus con una comunidad de intereses claramente basada en los contenidos que ésta ofrece. Con tal de ser valorados socialmente e incluidos en los círculos sociales, muchos individuos sucumben a los patrones de consumo de estos grupo de estatus.

Con todo ello, la pregunta planteada en la Introducción no puede ser respondida de manera unilateral, sino que más bien plantea ramificaciones e incluso contradicciones aparentes. Los paradigmas teóricos aquí expuestos señalarían que la telebasura es una forma de control social muy sofisticada, como todas las de la sociedad contemporánea. El control social se llevaría a cabo mediante la telebasura a través de la desactivación de la conciencia crítica, la desinformación sobre los sucesos de actualidad y la focalización absoluta en asuntos banales, pero también a través de la difusión de patrones de conducta de un individualismo y egoísmo feroces con el objetivo de conseguir a una masa inconexa, hastiada de sus iguales, desinformada y desinteresada en cambiar de situación. Eso no impide reconocer que cabe la posibilidad de que la telebasura tenga en general tan buena acogida porque refleja los sentimientos, aspiraciones, opiniones y formas de vida del público hasta cierto punto, y el público acudiría a consumirla en un ejercicio de identificación, aunque esa aseveración debería ser estudiada más profundamente entrando en materias culturales e históricas que exceden el espacio de este trabajo.

Consideraremos por tanto que la telebasura, organizada como cualquier otra empresa capitalista, actúa esparciendo, en tanto que instrumento alienante, unos valores acordes a los de la clase dominante que naturalicen las situaciones de dominación política y económica vigentes para poder asegurar su permanencia en el poder. Así mismo, las razones de su consumo se encontrarían ancladas en aspiraciones de aceptación social a través de los grupos de estatus, donde la telebasura funcionaría como una moda. Y, aunque pueda gustar más o menos, a través de su consumo, se refuerza la cohesión social de la comunidad en cuestión.

En definitiva, esta panorámica demuestra que la existencia de la telebasura como fenómeno responde a un esquema complejo del funcionamiento de la sociedad, utilizada por unos y por otros con propósitos diferentes y, por eso mismo, con vistas a no desaparecer, al menos en el medio plazo.

Bibliografía

— DURKHEIM, É. (1987). La división del trabajo social. Madrid: Akal.

— FREUD, S. (2014) El malestar en la cultura. Madrid: Alianza.

— MARX, K. (2012). La ideología alemana. Madrid: Akal.

— MARX, K. (2013). Manuscritos de economía y filosofía. Madrid: Alianza.

— MORRISON, K. (2010). Marx, Durkheim, Weber. Las bases del pensamiento social moderno. Madrid: Popular.

— SIMMEL, G. (2008). De la esencia de la cultura. Buenos Aires: Prometeo.

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