La evocación periodística del mundo

Esta visión carente de sentido histórico e incapaz de infundirlo, atomizada y atomizadora, alcanza su realización paradigmática en la imagen que ofrecen del mundo los telediarios, sucesión de historias en apariencia absurdas que acaban pareciéndose entre sí, desfile ininterrumpido de pueblos menesterosos, retahíla de acontecimientos que, surgidos sin explicación, desaparecerán sin que sepamos su solución -ayer Biafra, hoy el Zaire, mañana el Congo-, y que, despojados de este modo de toda necesidad política, sólo pueden, en el mejor de los casos, suscitar un vago interés humanitario. Estas tragedias carentes de vínculos que se suceden sin perspectiva histórica no se distinguen realmente de las catástrofes naturales, tomados, incendios forestales, inundaciones, que también están muy presentes en la «actualidad» porque son periodísticamente tradicionales, por no decir rituales, y, sobre todo, fáciles y poco costosos de cubrir. En cuanto a sus víctimas, son tan poco idóneas para suscitar una solidaridad o una indignación propiamente políticas como los descarrilamientos ferroviarios y demás accidentes. De este modo es, efectivamente, la lógica del campo periodístico, sobre todo a través de la forma particular que toma en él la competencia y de las rutinas y los hábitos de pensamiento que impone sin discusión, la que produce una representación del mundo preñada de una filosofía de la historia en tanto que sucesión absurda de desastres respecto a los cuales no se entiende nada y sobre los cuales nada cabe hacer. Este mundo lleno de guerras étnicas y de odios raciales, de violencia y de delincuencia, no es más que un entorno de amenazas incomprensible y preocupante ante el cual lo mejor que se puede hacer es retirarse y protegerse. Y, cuando va unida a expresiones de desprecio etnocéntrico o racista (como ocurre a menudo, particularmente en el caso de África o de los «barrios periféricos»), la evocación periodística del mundo no está hecha para movilizar y politizar; al contrario, sólo puede contribuir a aumentar los temores xenófobos, del mismo modo que la ilusión de que la delincuencia y la violencia no paran de crecer propicia las ansiedades y las fobias de quienes temen por su seguridad.

Sobre la televisión, Pierre Bourdieu

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