Los camaradas

Uno no tiene nada més que contar
y eso
es todo lo que el otro necesita saber.

Han aprendido
que no hay nada más dulce que la sal de las lágrimas
de aquel que llora sobre tus heridas.

Saben que mentir hace que la verdad nos duela;
que el modo más humano de buscar el calor
es abrazarse a otro que también tiene frío.

Saben que las mejores compañías
son las que han entendido cuándo dejarnos solos;
que el amor no se pierde porque desaparezca
sino porque se deja de buscar.

Si alguna vez discuten, no olvidan que el silencio
siempre es mejor que aquello que no quieres decir;
que quien cierra la mano ahoga su destino
y el que abre una puerta
detiene al que la quiere cerrar.

Saben prestarse ayuda,
darse sombra uno al otro cuando la vida quema.
Se respaldan,
se cuidan,
se defienden…
y lo mismo que toda sed es una metáfora
del desierto,
sus vidas son iguales
al azar y los dados,
el odio y las fronteras
o el tiempo y el olvido:
son lo que no se puede separar.

Saben que lo que une a dos personas
nunca es lo que comparten,
sino eso
por lo que luchan juntos todavía.

Son ellos. Son así: los camaradas.

Benjamín Prado

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