Un aroma eternizado es algo paradójico

«La injusticia que comete todo arte placentero y en especial el de puro entretenimiento va contra los muertos, contra el dolor acumulado y sin palabra.»

«Anteriormente, la forma tradicional de enfrentarse con las obras de arte, forma que tiene su importancia para la explicación de las mismas, era la de la admiración: las obras de arte son así en sí mismas, no para el que las contempla. Lo que de ellas venía hacia él y le arrebataba era su verdad, lo mismo que en los tipos kafkianos, en quienes la verdad sobrepuja a cualquier otro aspecto. No eran meros instrumentos de un goce de orden superior. La relación con el arte no era la de la posesión del mismo, sino que, al contrario, era el observador el que desaparecía en la cosa. […] Quien tiene respecto del arte esa relación genuina en la que él mismo desaparece, nunca considera el arte como objeto.»

«Ha llegado a ser evidente que nada referente al arte es evidente: ni en él mismo, ni en su relación con la totalidad, ni siquiera en su derecho a la existencia. El arte todo se ha hecho posible, se ha franqueado la puerta a la infinitud y la reflexión tiene que enfrentarse con ello.»

«Lo que se manifiesta en la naturaleza pierde, al duplicarse en arte, ese su ser en sí en que se satisfaría la experiencia de la naturaleza. […] Cuando parece que la pintura se ha reconciliado felizmente con la naturaleza, como en Corot, tal reconciliación se ve afectada por lo momentáneo: un aroma eternizado es algo paradójico.»

Theodor W. Adorno, Teoría estética

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