Pasión de Cristo

Rolando Campos nace en Sevilla en 1947. Aunque se educa en la admiración a los grandes maestros (Velázquez, Zurbarán, Valdés Leal…) respecto a la temática naturalista y al tenebrismo —primero en la Escuela de Artes y Oficios de Triana y luego en la Escuela Superior de Bellas Artes— despliega pronto una sensibilidad artística que lo aleja progresivamente de la corriente del “Realismo sevillano” (preocupada apenas, durante los 70, de la habilidad manual de los artistas) donde lo habían querido encuadrar. Su ruptura con el academicismo imperante deja translucir un vanguardismo de corte hiperrealista que le permite experimentar con la escultura, la pintura y la fotografía. Rolando es además un comprometido luchador antifranquista que milita en el Partido Comunista.

En 1984 es elegido para diseñar el cartel de la Semana Santa de ese año. La tradición cartelística sevillana —cuyos inicios se remontan al último cuarto del siglo XIX y que se exporta después al resto de Andalucía y a España— es, como se sabe, de un folclorismo conservador, arquetípico y fuertemente ahistórico: una simple búsqueda rápida nos confirma que por los modelos y las técnicas no han pasado los siglos. La propuesta que presenta Rolando es tan original como sensible a la implantación popular de esta festividad. Prominente, aparece el Cristo del Cachorro y, de él, otras imágenes superpuestas en las que apreciamos la Giralda, las lágrimas de una Dolorosa, un grupo de costaleros y unos nazarenos en torno a la cruz de guía. La superposición de planos no deja de retrotraernos a los aires cubistas y la utilización del collage representa una innovación respecto a toda la cartelería precedente. Con ello Rolando pretendía representar la Semana Santa tal y como la entendía: como un fenómeno cultural popular antes que como un sentir religioso o cofradiero donde las diferentes fotografías yuxtapuestas no son sino las distintas perspectivas e historias colectivas que la construyen desde la calle. Viene a recoger gráficamente el testimonio de la saeta machadiana como cantar del pueblo andaluz: «¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar!». Rápidamente, la caverna mediática y el facherío de la ciudad, con el PP a la cabeza, no dudaron en atacar la obra por considerarla enemiga de las costumbres, llegando a denunciar al artista por violar la propiedad intelectual de las fotografías.

No era Sevilla ciudad para vanguardias. Ese mismo año el cartel de la Feria corrió a cargo de José Ramón Sierra, que, contrario al barroquismo tradicional, representó con el máximo esquematismo un clavel, un estoque y lunares. También su obra estuvo acosada por las críticas. Quienes, como Rolando, entendemos que la Semana Santa es ante todo un espacio de celebración y protagonismo popular, no entendemos la sobredimensión del fenómeno que promueven con tesón las instituciones. La Semana Santa en Sevilla no es ya una semana concreta del año, sino un estado de ánimo institucional que les sirve como pretexto para promocionar un modelo cultural anclado en un beaterío zafio, reaccionario y orientalista para el visitante que viene de otro lugar, que nos mira con exótica condescendencia, esperando impaciente que el pueblo tonto, fervoroso y arcaico salga a escena y satisfaga sus expectativas, mientras subvenciona, favorece políticamente y respalda los valores de una organización franquista por excelencia como es la Iglesia Católica. El peligro al que estamos asistiendo, con gran regocijo de Susana Díaz, podría denominarse “sevillanización” de la Semana Santa andaluza. Tomada como ejemplo universal de la Semana Santa, la tremenda variedad y heterogeneidad de la semana santa del resto de provincias queda sacrificada para ofrecer una imagen histriónicamente distorsionada y artificialmente dilatada de lo que pasa en Sevilla.

Precisamente porque la Semana Santa es muy política, hace falta un movimiento consciente que la desvincule de la religión no en su representación última —obviamente cristiana—, sino en su desenvoltura cotidiana, soportada por las espaldas del pueblo pero capitaneada por las élites casposas, que le atribuyen el significado que más las refuerza políticamente. Hay, claro está, que rebajarla en importancia. Y por el bien de Andalucía hay que desevillanizar Andalucía.

Cartelsemanasanta

Semana Santa de 2016

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