Documento de barbarie

Lo mismo que, para el buen funcionamiento del mercado de trabajo, se considera «fisiológica» una cierta proporción de desempleados, que funcionan como cámara de compensación de las oscilaciones de la oferta y de la demanda de brazos, de la misma manera en el funcionamiento de la cultura en las condiciones actuales parece indispensable que existan los incultos. Ciertamente existe una diferencia de fondo en los efectos que se producen, porque en el primer caso el porcentaje de paro actúa como precio oficial, que mantiene bajo el coste del trabajo, mientras que en el segundo caso la difusión de la incultura tiene un efecto contrario, que es el de valorizar la posesión de la cultura; no por nada las dos exigencias comparten un factor que las caracteriza, es decir, son posibles gracias a la estructura clasista de la sociedad. Todo esto es obvio en el campo de la producción material; en el campo de los bienes inmateriales, se recordará cómo, si están en manos del poder, presuponen y perpetúan la existencia de individuos y grupos cuyo destino es el de ser también culturalmente subalternos.

Nicolò Pasero, Marx para literatos

El patrimonio cultural […] debe su existencia no sólo al esfuerzo de los grandes genios que lo han creado, sino también a la esclavitud sin nombre de sus contemporáneos. No es nunca documento de cultura sin ser al mismo tiempo documento de barbarie.

Walter Benjamin, Tesis nº 7, Tesis sobre la filosofía de la historia

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