Que la vie en vaut la peine

C’est une chose étrange à la fin que le monde
Un jour je m’en irai sans en avoir tout dit
Ces moments de bonheur ces midis d’incendie
La nuit immense et noire aux déchirures blondes.

Rien n’est si précieux peut-être qu’on le croit
D’autres viennent. Ils ont le cœur que j’ai moi-même
Ils savent toucher l’herbe et dire je vous aime
Et rêver dans le soir où s’éteignent des voix.

D’autres qui referont comme moi le voyage
D’autres qui souriront d’un enfant rencontré
Qui se retourneront pour leur nom murmuré
D’autres qui lèveront les yeux vers les nuages.

II y aura toujours un couple frémissant
Pour qui ce matin-là sera l’aube première
II y aura toujours l’eau le vent la lumière
Rien ne passe après tout si ce n’est le passant.

C’est une chose au fond, que je ne puis comprendre
Cette peur de mourir que les gens ont en eux
Comme si ce n’était pas assez merveilleux
Que le ciel un moment nous ait paru si tendre.

Oui je sais cela peut sembler court un moment
Nous sommes ainsi faits que la joie et la peine
Fuient comme un vin menteur de la coupe trop pleine
Et la mer à nos soifs n’est qu’un commencement.

Mais pourtant malgré tout malgré les temps farouches
Le sac lourd à l’échine et le cœur dévasté
Cet impossible choix d’être et d’avoir été
Et la douleur qui laisse une ride à la bouche.

Malgré la guerre et l’injustice et l’insomnie
Où l’on porte rongeant votre cœur ce renard
L’amertume et Dieu sait si je l’ai pour ma part
Porté comme un enfant volé toute ma vie.

Malgré la méchanceté des gens et les rires
Quand on trébuche et les monstrueuses raisons
Qu’on vous oppose pour vous faire une prison
De ce qu’on aime et de ce qu’on croit un martyre.

Malgré les jours maudits qui sont des puits sans fond
Malgré ces nuits sans fin à regarder la haine
Malgré les ennemis les compagnons de chaînes
Mon Dieu mon Dieu qui ne savent pas ce qu’ils font.

Malgré l’âge et lorsque, soudain le cœur vous flanche
L’entourage prêt à tout croire à donner tort
Indifférent à cette chose qui vous mord
Simple histoire de prendre sur vous sa revanche.

La cruauté générale et les saloperies
Qu’on vous jette on ne sait trop qui faisant école
Malgré ce qu’on a pensé souffert les idées folles
Sans pouvoir soulager d’une injure ou d’un cri.

Cet enfer Malgré tout cauchemars et blessures
Les séparations les deuils les camouflets
Et tout ce qu’on voulait pourtant ce qu’on voulait
De toute sa croyance imbécile à l’azur.

Malgré tout je vous dis que cette vie fut telle
Qu’à qui voudra m’entendre à qui je parle ici
N’ayant plus sur la lèvre un seul mot que merci
Je dirai malgré tout que cette vie fut belle.

Louis Aragon

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Dulce padre

(…)

Y ahora, Señor, oh dulce Padre,
cuando ya estaba más caído y más triste,
entre amarillo y verde, como un limón no bien maduro,
cuando estaba más lleno de náuseas y de ira,
me has visitado,
y con tu uña,
como impasible médico
me has partido la bolsa de la bilis,
y he llorado, en furor, mi podredumbre
y la estéril injusticia del mundo,
y he manado en la noche largamente
como un chortal viscoso de miseria.
Ay, hijo de la ira era mi canto.
Pero ya estoy mejor.
Tenía que cantar para sanarme.

(…)

Dámaso Alonso, Las alas

Autorretrato #1

Soy un proyecto errado de bipedestación. Mis heridas no sangran (son quebrantos sin rostro). Siento que llego tarde a todas partes, que no se me avisó de la dureza, que no me esperan en otro lugar. Mi Pigmalión han sido los ojos de los otros, cuyas cadenas acepté como se acepta una muerte. Sé muy poco: que el amor no se mendiga, que caerse es dialogar en silencio con las piedras, que la justicia es la alegría de una flor superviviente. Hago menos: quiero hondamente y espero y me canso. Pago por eso la penitencia de mi quietud. Me tomo muy en serio mis fracasos: los venero y me limitan. No hablo el idioma de mi deseo (él, entretanto, monologa). Sé lo que es el frío. Puedo probar que un abrazo salva una vida y supongo que en un beso se naufraga. Me gusta pensar que en mi mirada se han excavado dos pozos en los que podría ahogarse alguien. Creo en la delicadeza, que es como decir creo en el futuro. Lluevo mejor que la lluvia. Por último: me disculpo por perpetrar estas metáforas.

 

El banquete de la cultura universal

Miércoles, 20 de noviembre, 1957

Tristeza y candor. Deseos de llorar como un niño recién nacido. Inmensa ternura por mí. Ganas de hacerme pequeña, sentarme en mi mano y cubrirme de besos.

Por la impaciencia me perderé. Horrendos problemas literarios. Hay demasiados libros, todo ya ha sido escrito, sobre cada cosa, sobre cada sombra hay millares de libros. He llegado tarde al banquete de la cultura universal, y si bien no me vedan la entrada se divierten proponiendo a mi hambre tal cantidad de platos y de variaciones, que yo ya no sé diferenciar un poema de una sonrisa, un ademán de odio de una plegaria japonesa. Y en medio de esta orgía de la insatisfacción, rodeada de elementos capaces de satisfacerme, ¿qué hago? Pues abalanzarme sobre todos: el mejor camino para no colmarme jamás. (Pero ¿de qué estoy hablando?, ¿de la literatura?, ¿de mi amor imposible? Tal vez en el fondo sea lo mismo…).

Llueve sangre.

Alejandra Pizarnik, Diarios

Fregall d’espart

Drap de la pols, escombra, espolsadors,
plomall, raspall, fregall d’espart, camussa,
sabó de tall, baieta, lleixiu, sorra,
i sabó en pols, blauet, netol, galleda.

Cossi, cubell, i picamatalassos,
esponja, pala de plegar escombraries,
gibrell i cendra, salfumant, capçanes.

Surt el guerrer vers el camp de batalla.

Maria-Mercè Marçal, Cau de llunes

Los griegos la llamaban alada

El análisis científico del lenguaje ha revelado propiedades sorprendentes, inesperadas, bajo la trivialidad de comprobaciones conocidas desde hace siglos. La palabra se desarrolla en el tiempo. Los griegos la llamaban alada. Nada tan fugaz como este fenómeno temporal. Apenas pronunciada, la palabra muere. Apenas enunciado, el pensamiento desaparece si no es retomado por otro pensamiento o por un recuerdo. Y sin embargo ese fenómeno fugaz, ese acontecimiento puro, se inscribe especialmente en la escritura. Ésta tiene su historia y se ubica en la historia. Tuvo enormes consecuencias de orden sociológico. (pág. 36.)

Se ha insistido demasiado, en nuestra opinión, en la escritura. Es cierto que las consecuencias de la escritura, inmensas, se desarrollan a través de los siglos y las civilizaciones, incluida la de Grecia. Las lenguas, leídas, se convierten en “objetos”. La escritura es patrimonio de grupos primitivos, esbozos de clases: escribas, sacerdotes, administradores. Se la dota de un prestigio fabuloso: las Escrituras, las inscripciones, los textos sacro-sagrados. Por ello, convertida en cosa, la palabra parece eterna. Pero al mismo tiempo se puede examinar más libremente el texto escrito, separado del hombre (héroe, sacerdote, rey) que pronunció las palabras. Se puede profesar el escrito, quemar las tabletas, destruir las piedras. Se puede dudar del escrito o —lo que viene a ser más o menos lo mismo— especular acerca de él, interrogarse en cuanto a las relaciones entre los elementos de la escritura, las letras y las palabras. (…) Lo esencial, sin duda, es que la palabra deja de ser sólo la sede de la mediación y el medio (el intermediario) de la comunicación, para convertirse en instrumento. Se convierte en discurso, en instrumento de dominio, en medio de Poder. Por el discurso se llega al Poder, o se lo mantiene. (pág. 255.)

Desde el comienzo de su obra, Marx sometió a una dura crítica las ambiciones y pretensiones de los filósofos. En lo que respecta al lenguaje, las tesis marxistas se precisaron en la Deutsche Ideologie, escrita hacia 1845 por Marx con la colaboración de Engels. Los autores establecen que no existe pensamiento ni conciencia sin ese respaldo sensible: el lenguaje. De ello resulta que el pensamiento y la conciencia son hechos esencialmente sociales. «De la misma manera que convirtieron en fetiche el pensamiento, así los filósofos tuvieron que hacer del lenguaje un reino soberano». Pero no es así.
Las representaciones, las ideas, tienen su origen en el “comercio” de los hombres entre sí, en los intercambios, en la comunicación de las conciencias, en las actividades reales que constituyen la praxis (práctica social). Para formularlas hacen falta teóricos. Estos ideólogos destacan y unen entre sí las significaciones vagas, que despuntan aquí y allá en la praxis. Extraen de ellas tesis generales, coherentes, sistematizadas en la medida de lo posible: las ideologías, incluidas las religiones, las filosofías, las morales. Parten, pues del “lenguaje de la vida real” para elaborar sus representaciones y crear “el lenguaje de la política, de las leyes, de la religión, de la moral, de la filosofía”, Las grandes ideologías produjeron, pues, el lenguaje; entran en las conciencias por medio del lenguaje. Buscaron y quisieron dar cierto sentido al hombre, al mundo, a la vida. Sus interpretaciones del mundo operaban y producían en el lenguaje (y por lo tanto en las conciencias) palabras, giros. De ahí su extraordinaria eficacia.
Las ideologías no penetran desde afuera en las conciencias. Jamás desdeñaron, para imponerse, la compulsión y la violencia, pero se insinúan: persuaden. Los hombres adhirieron y siguen adhiriendo a las ideologías. Matan y mueren por ellas, hasta cuando esas representaciones no expresan en forma directa sus necesidades, ni sus aspiraciones, ni a su clase.
La crítica de las ideologías puede hacerse por el camino teórico. Esa crítica, necesaria, no es suficiente. «El problema que consiste en saber cómo descender del mundo de los pensamientos al mundo real, se transforma en el problema de saber cómo descender del lenguaje a la vida». Las ideologías invaden el “lenguaje de la vida real”, la praxis, y sólo en la praxis y en la historia los sentidos se revelan como contrasentidos. La experiencia humana (en el sentido que le da Hegel, pero profundizada por el marxismo) es la única que puede poner fin a los sentidos, a las interpretaciones superadas. El lenguaje es un tesoro, un depósito, como dicen los lingüistas. Las palabras, para ellos, son demasiado “positivas”, cuando no metafóricas. En ese depósito hay de todo. El tesoro contiene falsos diamantes al lado de los verdaderos. Su inventario sólo puede llevarse a buen puerto de forma crítica. Hay significaciones y sentidos que rechazar, que destruir. No todo lo que tuvo significación y sentido para las conciencias puede ser aceptado y homologado. El problema consiste en captar la relación del lenguaje con la “vida real”, es decir, con la praxis. Si el lenguaje contiene a la vez verdades y mentiras, ilusiones y realidades, debemos encarar el doble paso del lenguaje a la vida y de la vida al lenguaje. O si se quiere, de las estructuras lingüísticas a las sociales y viceversa. La filosofía, con Hegel, con Husserl, plantea el problema. Busca una respuesta, no la da. (pág. 71.)

Henri Lefebvre, Lenguaje y sociedad, 1967

San Mateo

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En 1602, un cuadro de San Mateo debía presidir el altar de una iglesia de Roma. El santo tenía que ser representado escribiendo el evangelio y, para simbolizar que el evangelio es la palabra de Dios, un ángel tenía que aparecer inspirándole los escritos. Un joven Caravaggio, a quien se le había encargado dicha obra, reflexionó sobre las condiciones en las que un pobre anciano jornalero como era San Mateo se habría puesto de pronto a escribir un libro. El resultado de esta idea dio lugar la representación de un San Mateo descalzo, sucio de polvo, con la calva descubierta, sosteniendo sobre sí un pesado libro y con la frente arrugada ante la insólita necesidad de escribir. A su lado un ángel adolescente guía suavemente la mano encallecida del anciano, al igual que hace un maestro cuando está enseñando a escribir a un niño. Esta propuesta fue rechazada y escandalizó a las autoridades, quizás porque juzgaban excesiva su sensualidad y porque el santo parecía carecer de la voluntad firme y consciente que deben tener los seguidores de Dios.

Caravaggio tuvo que repetir el cuadro y, aunque intentó aportarle vida y carácter, la representación se sumió en lo ordinario que suponen la separación de las dos figuras y el aspecto circunspecto del santo. Parece, casi sin duda, una obra menos sincera.